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Relación de dolor y placer ¿por qué gusta?

Prácticas eróticas

29/04/2022

Relación de dolor y placer ¿por qué gusta?

Vistos como dos caras de una misma moneda, el placer y el dolor tienden a vivir en lados opuestos. O al menos así lo percibimos en general; no obstante, ambas sensaciones pueden convivir e incluso retroalimentarse con la estimulación adecuada y ganas de explorar.

¿Por qué puede causar placer el dolor?

A los humanos nos gusta poner el cuerpo a prueba, y éste tiene sus mecanismos de defensa para protegernos. Uno de esos mecanismos son las endorfinas.

Estas hormonas proporcionan una sensación de euforia, y se dan tanto ante el placer como el dolor. En el segundo caso es una forma de defensa, engañando a nuestro cerebro para que bloquee el dolor y lo transforme.

Así, algo que primeramente podemos percibir como doloroso, puede transmutar en absoluto placer creciente con las condiciones apropiadas.

Por supuesto, no todo el dolor se vuelve placer. Aunque disfrutemos del dolor en el sexo, seguimos teniendo dolores de cabeza, gritamos cuando nos golpeamos el menique del pie o pasamos mala noche si la espalda está contracturada. La diferencia entre un dolor y otro es que se aprende, con el tiempo y voluntad, a percibirlo como positivo y, por tanto, placentero; como el gusto por la cerveza.

Disociamos, por ejemplo, un azote del dolor que puede implicar. Eso sí, todo tiene un límite, y nuestro cuerpo también. Debemos conocer cuál es y respetarlo, además de tener muy claro que el sexo no debe doler, a menos que busquemos de manera consensuada esa sensación.

el placer del dolor

Incluir el dolor dentro de las relaciones sexuales, ¿cómo?

El dolor en el sexo no es para todo el mundo, no sólo en lo relativo a recibirlo, sino también al proporcionarlo. Hemos de respetar los gustos y límites de nuestra pareja, llegando a los acuerdos que mejor se adapten a nuestro caso en particular. Sobra decir que debe hacerse de forma consensuada, y por más que hayamos hablado antes, si cualquiera pide parar, debe pararse de inmediato.

Dicho esto, la manera de incluir el dolor en las relaciones suele ser casi de manera inconsciente. No pensamos, sólo actuamos o nos dejamos llevar. Lo que hay que tener claro es que no es lo mismo interaccionar con un azote en un momento puntual, que liarse con la fusta sin previo aviso y consentimiento.

La intensidad es clave a la hora de probar el dolor en el sexo. Debemos ir de menos a más, controlando la fuerza y frecuencia. A medida que se tenga más soltura o confianza con la práctica, además de resistencia quien lo reciba, se podrá aumentar progresivamente la intensidad del juego.

Debemos, a pesar de todo, llamar a la cautela. Durante el sexo el umbral del dolor puede verse alterado y ser más elevado de lo habitual; algo que nos resultaría desagradable en cualquier circunstancia, durante el sexo puede ser muy excitante y estimulante, proporcionándonos un nuevo nivel de placer. Después el placer se pasa y puede quedarte el trasero dolorido, por lo que es importante no perder el control si quieres sentarte esta semana.

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Es por eso que no debemos entregarle el poder de infringirnos dolor a cualquiera, sino que debería ser alguien en quien confiemos. Podemos disfrutar más si tenemos claro que esa persona no quiere dañarnos, que asumirá que quien recibe el dolor es quien manda, y que acatará tu “para” en cuanto lo manifiestes.

dolor es placer

Algo más que azotes

Los azotes son algo común en muchas parejas. Ya sea un azote cuando pasas por su lado, cuando se apoya en un mostrador y el culo resalta, e incluso durante durante las relaciones sexuales. Asumido, esto último, en parte por la influencia del cine para adultos.

El spanking, la palabra en jerga BDSM para referirse a dar azotes, no es lo único que podemos hacer para explorar el placer del dolor.

  • Tirones de pelo: con mayor o menor intensidad, un simple tirón de pelo puede ser también un generador de dolor placentero. Sea por el morbo que nos dé o la propia reacción de nuestro sistema más primario, hecho en el momento adecuado puede liberar aún más intensidad a cualquier práctica erótica que estemos llevando a cabo.
  • Cuerdas y otras restricciones: el bondage es la técnica de ataduras del BDSM. Pueden implicar cierto nivel de dolor o incomodidad según se ejerzan, siempre con cuidado de no aplicar excesiva presión sobre las áreas más delicadas. Sea con las muñecas o los tobillos atados, o bien todo el cuerpo, el dolor y el placer convergen durante la atadura, pero también al liberarla; como al quitarnos un calcetín que aprieta y no podemos dejar de rascarnos por doloroso que esté siendo hacerlo.
  • Pinzas: lo más común son las pinzas para los pezones. Aplicar ese dolor constante en los pezones intensifica otras sensaciones, creando ese baile entre el dolor y el placer que puede acrecentarse al aplicar pequeños tirones a las pinzas en un momento determinado. Podemos encontrar también pinzas para el clítoris, los labios vaginales, e incluso juegos de cadenas que incluyen una conexión de los pezones a los genitales para aumentar la estimulación.
  • Cera caliente: debe hacerse con velas especialmente diseñadas para este juego, de hacerse con una vela común podemos provocar una quemadura importante. Las velas adecuadas deben derretirse a baja temperatura (parafina o soja, por ejemplo), haciendo que se pueda sentir el dolor al caer la cera, pero sin peligro. Aumentando la distancia desde la que se deja caer la cera hacemos que pueda enfriarse un poco antes de llegar a la piel.
  • Ballbusting: práctica peligrosa que provoca dolor, pero también graves problemas si no se realiza con cuidado. Consiste en, literalmente, golpear los testículos (a veces también el pene) con la mano, los pies u otros objetos. El dolor de la práctica puede proporcionar una alta dosis de placer a la persona que lo recibe. Sinceramente, busca profesionales cualificados para esto.

Es importante mencionar que aunque el BDSM tenga prácticas eróticas asociadas al dolor, no todo en el BDSM es o debe ser doloroso. Contar con una palabra de seguridad es importante para asegurar que nadie vaya más allá de donde quiere ir. La finalidad es el placer a través del dolor, no torturar.

Orgasmos y dolor

Nuestro cerebro diferencia entre el dolor bueno y el malo. Así, como decía antes, no es común orgasmar tras romperte el meñique contra la mesilla, pero sí es mucho más factible hacerlo entre azotes.

Un dato relevante para entender la relación entre el dolor y los orgasmos, es que en el cerebro se activan casi las mismas áreas en uno que en otro caso. De esta manera, tomar un medicamento para el dolor puede dificultar o impedir llegar al orgasmo.

La fina línea entre el dolor y el placer llega hasta la propia expresión del rostro. Haciendo que sea muy difícil de diferenciar entre alguien con dolor y alguien que tiene un orgasmo. Esas caras, a veces desconfiguradas, que abren la boca, fruncen el ceño o aprietan el gesto. Seguro que a partir de ahora te fijarás mucho más en la cara de tu amante durante el sexo…

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